El Sagrario
La capilla de la Virgen
El vitral del rosetón
      Su construcción comenzó en enero de 1991 y se extendió por espacio de seis años. El 21 de marzo de 1997 se inaugura con una misa. La Dedicación de la Iglesia se celebra solemnemente el 29 de agosto de 1998 coincidiendo con la apertura del año centenario de la Abadía. La Iglesia está dedicada al Misterio del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

      Características arquitectónicas
      El estilo de la Iglesia es neo-románico. Mide 37 metros de largo por 16 de ancho. Su altura máxima es de 11 metros. El campanario tiene 18 metros. Consta de una nave central y dos naves laterales, enmarcadas por columnas y arcos.

      Comporta una gran luminosidad interior para marcar el paso de la luz. Durante el día el templo se inunda de la luz natural, jugando con los coloridos ramos que vienen del vitral. Esta luminosidad permite constatar el paso del tiempo, a lo largo del día, señalando las distintas horas, momentos en que la comunidad monástica se entrega a la alabanza y a la intercesión por las necesidades del mundo entero.

      Durante los oficios nocturnos, el presbiterio ofrece una luz intensa blanca, signo de la presencia de Dios en su Palabra, y la nave central una iluminación adecuada para la meditación contemplativa propia de estas horas.

     Con la luz amarilla se exalta la línea arquitectónica de columnas y arcos (en el interior); las galerías y la torre en el exterior.

     En general la iluminación y el color de las paredes exaltan la calidez de la presencia del Señor.

      El altar
      Es ante todo la mesa del Señor, la mesa del cenáculo, y de la casa de Emaús; es también el símbolo de Cristo, la roca viva de la que habla el Apóstol Pablo ( 1Cor 10,4 ). El altar es el centro de la iglesia, el lugar donde se celebra el Misterio Pascual, es decir, el memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, bajo los signos sacramentales, y es la Mesa del banquete al que nos invita el mismo Cristo.

      El altar de esta Iglesia tiene representado en bajorrelieve la Ultima Cena de Cristo con sus Apóstoles (frente), la Trinidad (mirando hacia la sede), el Cristo glorioso (lado derecho) y la Virgen y el Ángel (lado izquierdo).

      La piedra granítica de la Mesa del altar, ha sido traída de la provincia de Córdoba.



      La Sede
      Se encuentra en el ábside. Es el lugar de la presidencia, desde el cual el celebrante preside la oración de los fieles y enseña al pueblo. El que preside la asamblea de los fieles es también el que enseña y el que ofrece el sacrificio. El habla y obra en nombre de Cristo y con su autoridad. Cristo está presente en él (cf. SC 7).
      El Ambón
      Es el lugar del anuncio de la Palabra de Dios, donde resuenan jubilosas las Palabras del anuncio del triunfo de Cristo: ¡Aleluia, Cristo ha Resucitado verdaderamente!

      El Ambón, se ubica entre el presbiterio y la nave de los fieles para que permita fácilmente al pueblo de Dios ver y oír a los ministros que proclaman las lecturas de la Sagrada Escritura.

      El ambón de esta Iglesia nos ofrece una representación escultórica de la Resurrección de Cristo, porque justamente desde allí se anuncia este Misterio del Señor.

      La capilla de la reserva del Santísimo Sacramento
      La capilla en la que se reserva el Santísimo Sacramento, presencia viva de Cristo Resucitado, está decorada muy sobriamente para permitir que la mirada y la atención converjan hacia lo esencial: el sagrario, en cuyo interior se reserva el pan consagrado.

      El sagrario, de líneas rectas, está construido en hierro martillado, y revestido por dentro en bronce. En la puerta del mismo está representada la escena de la Adoración de los Magos. Esta pequeña pieza labrada en bronce se la trajo de Italia, y nos recuerda los inicios de la vida del Señor entre nosotros, cuando se manifiesta ("epifanía") a los Magos de Oriente, que simbolizan a todas las naciones, recordándonos así en este misterio su carácter de Salvador universal.

      En el pedestal que sostiene el sagrario, podemos apreciar un bajorrelieve que nos ofrece la representación de la escena de dos discípulos cuando al partir el pan, se les abrieron los ojos y reconocieron la presencia de Jesús, quien los había acompañado en el trayecto de Jerusalén a Emaús (Lc 24,13-35).

      La lámpara que señala la presencia viva de Jesús es una antigua pieza de bronce, restaurada recientemente. En ella se destacan tres ángeles que parecen custodiar y anunciar la presencia del tres veces santo, según la imagen del profeta Isaías (Is 6,3).
      La capilla de la Virgen
      La imagen de Nuestra Señora de Luján, es un regalo del pueblo de Victoria, cuando en 1988 la Comunidad Benedictina entregó la atención pastoral de la Parroquia de la Ciudad al clero diocesano.

     El bajo relieve de la pilastra que sostiene la imagen de María de Luján, patrona de la Argentina, escenifica una secuencia en cuatro cuadros descendientes la historia de la Comunidad de la Abadía del Niño Dios, íntimamente ligada a la presencia y a la acción de María.

     En el cuadro superior apreciamos la representación del momento en el que el entonces obispo de Paraná Mons. Rosendo de la Lastra, pide en el santuario de Luján religiosos para su diócesis.

      El segundo panel nos lo muestra a su salida de la basílica cuando se encuentra con el canónigo Arbelbide, quien le señala dónde debe dirigirse.

      En el tercer cuadro se representa la llegada a Victoria de los monjes benedictinos, procedentes de la Abadía de Nuestra Señora de Belloc, Francia, recibidos por su Pastor Mons. Rosendo de la Lastra. Los monjes se encuentran en una embarcación, y en el trasfondo de la escena se aprecian las verdes colinas tan características de la ciudad de Victoria y sus alrededores.

      La última escena señala el año 1998, año en que se ha Dedicado esta Iglesia abacial. En el trasfondo se aprecia la fachada de la misma; y a un costado, dominando la escena, la imagen de la Virgen de Luján que cobija bajo su manto a dos monjes que representan a la Comunidad benedictina, señalando de esta manera el reconocimiento y la certeza que siempre los monjes de Victoria tuvieron acerca de la maternal presencia y protección de la Virgen, así como también el filial amor que ellos le profesan.

      Durante el día la capilla de la Virgen se encuentra siempre a plena luz natural e inundada por la noche de una luz muy blanca.

      Los confesionarios
      En el fondo, de este mismo lado, pueden apreciarse las tres entradas a los confesionarios. Estos están concebidos a modo de pequeñas salas, que permitan acoger en la intimidad a quienes quieran recibir el perdón y la misericordia de Dios que no abandona al pecador, y que a través de sus sacerdotes, les quiere dar esa reconciliación y la paz.

      La disposición sobria y despojada de estas salas reflejan la dimensión penitencial, y a su vez nos invitan a entrar en ese despojo personal que el hombre hace al confrontar cara a cara su pecado con el Dios del perdón.
      La imagen de san Benito
      Cerca de la puerta de entrada hacia el lado de los confesionarios se halla la imagen de san Benito, una hermosa talla en madera, de caoba cromada realizada en España en 1997 y ofrecida al Monasterio por una amiga. Sus rasgos finos y alargados recuerdan algo de El Greco, y entre sus características más significativas está el hecho de que se encuentra descalzo. El Santo sostiene en su mano derecha el báculo (símbolo de su dignidad de abad) hecho en bronce; y en su mano izquierda un libro que representa la Regla. En su brazo izquierdo posa el tradicional cuervo. Asimismo la imagen presenta una impresionante expresión en sus rasgos y en su movimiento.
      El vitral del rosetón
      La forma esférica de este vitral llama la atención, pues no es tradicional ubicar un rosetón sobre el ábside principal, sino sobre la puerta de acceso al templo.

      El Niño Dios, bajo cuyo patrocinio se encuentra la Abadía, domina totalmente la escena, de una manera señorial, como anticipando su destino glorioso, una vez cumplida su pasión, muerte y resurrección. Así, la imagen del Niño nos trae el recuerdo de un Cristo glorioso.

      En el trasfondo la imagen de la Virgen Madre se desdibuja y su rostro aparece sombreado porque el centro de la escena es el Niño, cuya luminosidad y claridad nos recuerdan que él es el único Salvador prometido por Dios, el Mesías.

      La hermosa disposición de los colores que alternan en un juego gracioso a lo largo del rosetón nos muestran la alegría de la salvación que en la plenitud de los tiempos Dios nos ha dado en su Hijo, nacido de una mujer, como san Pablo nos lo dice en la carta a los Gálatas (Gál 4,4-6).


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