Como la misma palabra lo indica, la Regla es una norma de vida para el monje, es decir regula toda su existencia: S. Benito la escribe y la dirige a los monjes que forman una comunidad y viven en un monasterio, sirviendo bajo una regla y un abad.

      Nuestro Padre S. Benito redactó una Regla monástica para todos sus hijos, quienes precisamente por eso nos llamamos y sentimos benedictinos. S. Gegorio, el gran monje y papa, que a fines del S. VI escribió la vida de S. Benito, nos dice que "el varón de Dios, entre tantos milagros con que resplandeció en el mundo, brilló también de una manera no menos admirable por su doctrina; porque escribió una regla para monjes, notable por su discreción y clara en su lenguaje. Si alguien quiere conocer más profundamente su vida y sus costumbres, podrá encontrar en la misma enseñanza de la regla todas las acciones de su magisterio, porque el santo varón en modo alguno pudo enseñar otra cosa que lo que él mismo vivió" (Diál. II, 36).

      A las dos notas características de la Regla benedictina ya mencionadas de la discreción y claridad de lenguaje, podemos añadir otras, a saber: su gusto por el orden y su carácter realista; su humanidad y la importancia dada a la persona; la Sagrada Escritura como su fuente constante de inspiración y el puesto central que en ella ocupa Cristo. Se trata, pues, de una regla monástica profundamente humana y cristiana.

     Muy lejos de considerarse el iniciador o inventor de la vida monástica, S. Benito se siente deudor de una larga y rica tradición. Bebe e invita a beber de las fuentes que representan los monjes y autores que lo precedieron y, sobre todo, cita abundantemente y recomienda encarecidamente la lectura de la Sagrada Escritura, que él considera la Regla por excelencia al denominarla rectísima norma para la vida del hombre.

      Fruto maduro de su conocimiento de la Biblia y de la tradición monástica, de su sabiduría, experiencia y santidad, la santa Regla hizo del buen Benito el Patriarca y Legislador de los monjes de occidente.

      La Regla benedictina es un texto mitad legislativo, mitad doctrinal y espiritual: su autor logra ensamblar magistralmente ambos aspectos. Consta de un prólogo y setenta y tres capítulos, el último de los cuales es un epílogo. Articulándolos temáticamente se logra la siguiente estructura:

     - Prólogo: la vocación monástica y presentación de la Regla

     - Las clases de monjes, el abad y el consejo de los hermanos (capítulos 1-3)

     - Catálogo de las buenas obras y tratados sobre la obediencia, la taciturnidad (silencio) y la humildad (4-7)

     - Sección litúrgica: la obra de Dios u oficio divino (8-20)

     - Primera parte del código penitencial introducida por un directorio sobre los decanos (21-30)

     - La administración de los bienes y la comunidad de bienes (31-34)

     - La alimentación y el descanso nocturno (35-42)

     - Segunda parte del código penitencial: satisfacción por las faltas (43-46)

     - Distribución del tiempo entre oración, lectura, sobre todo de la Biblia (lectio divina), y trabajo, comprendidas en este último las salidas (47-52)

     - Acogida de los huéspedes y de los dones y desprendimiento (53-57)

     - Orden de la comunidad y renovación de la misma mediante la incorporación de nuevos miembros o la designación de un nuevo abad y del prior (58-65)

     - La puerta, la clausura y las salidas (66-67)

     - Sección complementaria: las relaciones fraternas (68-72)

     - Epílogo: una mínima Regla de iniciación que remite a los autores de la tradición monástica y a la Biblia para alcanzar la perfección.

El escudo   .   Ubicación geográfica   .   Visitas y horarios   .   Contacto   .   Historia   .   La vida fraterna   .   La oración

La lectio divina   .   El trabajo   .   La hospedería   .   El profesorado   .   El Instituto Kennedy   .   Productos Monacal

El licor Monacal   .   San Benito y su regla  .   La medalla de San Benito   .   La Iglesia abacial   .   Galería de fotos